SOBERANÍA EN POESÍA CON SABOR A COLOMBIA

01.02.2026
Rusbel Sierra Vergara
Rusbel Sierra Vergara

Soberanía sabe a tinto caliente, a arepa en la brasa, a abrazo de gente, a yuca y sancocho que junta la mesa, donde nadie sobra y la alegría empieza: En el Pacífico canta la marimba, baila la lluvia, la selva se anima, hay coco y pescado, hay canto mayor, rezando en currulao por vida y por sol. En el Caribe retumba el tambor, gaita, vallenato y cumbia levantan el clamor, hay mote, hay bollo, hay dulce de mamón, y el pueblo conversa de esquina a balcón.

Por los Andes camina la ruana, huele a panela la tierra temprana, hay papa y hay trigo, hay cuento y hay fe, y un "sumercé" tibio que sabe a café.

En la Amazonía habla la raíz, el río es escuela, el monte es país, yagé y palabra, canoa y fogón, la selva nos nombra con sabiduría y razón.

En la Orinoquía galopa el joropo, arpa y alpargata cruzando el potrero, hay carne en estaca, hay canto sabroso, y el llano se estira cual pecho orgulloso.

Valoramos lo nuestro, lo que somos y damos, la tierra, la historia, la lucha y las manos, que nadie nos venda vergüenza importá, ni cambie raíces por el brillo de ná. No nos deslumbra lo ajeno importao, ni el que por hablar inglés se cree más elevao, aquí vale la sangre que mezcla y que da: indígena, negra, mulata y populá.

Duele quien se arrodilla por lengua prestá, y por hablar en inglés se cree de otra camá, adula al de afuera, desprecia al vecino, se pinta de blanco y reniega de ser mestizo.

Pero aquí manda la raíz ancestral: indígena sabia, memoria patrimonial, negra cimarrona de paso encendido, mulata que baila pariendo sonido.

No cerramos puertas ni odiamos lo ajeno, pero el alma se cuida con lo que es nuestro, con huerta, con trueque, con feria y mercado, con barrio que sueña y pueblo organizado. Porque un pueblo que canta su propio compás, no compra cadenas ni aprende a callar, defiende su historia, su pan y su voz, con fe en la justicia y confianza en los dos. Y así, entre marimba, café y almidón, Colombia se afirma con noble razón: no por desprecio, ni por vanidad, sino por amor a su propia identidad. Y desde la Perla de la Sabana, el porro enciende la plaza, este pueblo Senú, su memoria viva no acaba; con fandango y con tambora defendemos la esperanza. Que lo escuchen los vientos y lo repitan los caminos: ¡Que viva, carajo, la soberanía colombiana Que esta tierra no se arrodilla ni se vende no joda, ¡se ama!

Share
¡Crea tu página web gratis! Esta página web fue creada con Webnode. Crea tu propia web gratis hoy mismo! Comenzar