LO ESCANDALOSO SE PROPAGA Y LO PROPOSITIVO SE DESVANECE

26.11.2025
Rusbel Sierra Vergara
Rusbel Sierra Vergara

En muchos espacios de discusión política abundan los mensajes que denuncian las acciones ilícitas de ciertos actores, pero casi no aparecen propuestas para transformar nuestra cultura democrática. Esto ocurre porque denunciar es más fácil, más emocional y más inmediato que construir alternativas. La psicología social muestra que lo negativo impacta más, ofrece satisfacción rápida y se ajusta mejor al ritmo acelerado de redes y chats, mientras que proponer exige reflexión y pensamiento crítico propositivo. Así, lo escandaloso se propaga y lo propositivo se desvanece.

Este fenómeno revela una cultura política débil de contenido, pero centrada en la queja y no en la corresponsabilidad: se culpa a "los políticos" como si fueran ajenos al pueblo, se ignora el papel ciudadano en lo que funciona o falla, la política se vive desde la desconfianza y faltan liderazgos sociales organizados que impulsen la participación. Las consecuencias son claras: crece el cinismo, disminuye la esperanza y se debilita la credibilidad en los liderazgos, dejando un país donde se denuncia mucho, pero se construye poco.

Mientras la conversación pública siga dominada por escándalos, quedará poco espacio para discutir lo estructural: Cambio de cultura política desde las bases, modelos de desarrollo, reformas territoriales o nuevos mecanismos de participación. Por eso es urgente pasar del ruido de la denuncia a la construcción colectiva de alternativas que fortalezcan la democracia.

Cuando propuse mi nombre para la candidatura a la consulta previa a la Cámara por Sucre desde el pacto histórico, percibí con tristeza una posible desaprobación por las circunstancias en que me presentaba como candidato. Por ejemplo: No tener dinero para una campaña, no tener un recorrido histórico dentro de un partido político de este pacto histórico, no haber formado parte de una militancia partidista; el desconocimiento de unas acciones políticas o partidistas ya normalizadas como válidas dentro del ejercicio electoral, no recurrir al insulto ni a la conspiración de la difamación; eso tal vez generó distanciamiento de muchas personas que formaban la dirigencia de estos partidos. Sin embargo, quise probar y demostrar que otro tipo de práctica electoral es posible desde mi recorrido como promotor social y como pedagogo de la construcción colectiva en escenarios de organizaciones sociales y comunitarias.

Hoy con alegría y lejos de cualquier arrogancia puedo afirmar que es posible acudir a otras herramientas también válidas. Esa experiencia vivida con comunidades, con organizaciones sociales, desde el apoyo, desde el fortalecimiento organizacional, desde metodologías participativas, desde el ejercicio de la comunicación asertiva, desde la resolución del conflicto y desde la construcción de agendas comunitarias para la creación de proyectos participativos, vieron resultados muy positivos en esta campaña y la cantidad de votos que obtuvimos (3085, pese a las vicisitudes ocasionadas por la Registraduría para la consulta previa ) dan cuenta de ello, máxime cuando no recurrimos a comprar ni a pagar absolutamente un voto por esta apuesta. Eh ahí un gran desafío propositivo y productivo para un liderazgo creíble y comprometido con la transformación social.

Pero más allá del discurso, más allá del reconocimiento, del nombre que pueda tener un actor político, está el involucramiento de las organizaciones sociales que validan esa apuesta política para una renovación y transformación de la cultura. Entonces, a partir de esa experiencia, comparto los desafíos y las oportunidades que, a mi juicio, se ven en el horizonte político dentro de nuestro territorio:

La realidad en contexto:

se evidencia desconocimiento de metodologías inclusivas, participativas y propositivas por parte de quienes estamos en estos grupos o comités políticos para adelantar procesos de construcción colectiva eficiente que nos permita incidir en la gobernanza, en la política pública, en la protección comunitaria y en el fortalecimiento organizacional. Esto hace débil a nuestro movimiento progresista máxime cuando hemos tenido variadas oportunidades para trabajar esos temas con el gobierno que tenemos. Pero no lo hemos hecho: tal vez por el clientelismo burocrático que permea nuestros liderazgos; tal vez por el compromiso social pasivo y expectante que se legitima por el statu quo de quien se siente seguro en su zona de confort o, tal vez por falta de conocimiento metodológico para involucrarse sin generar controversias innecesarias en los escenarios de poder.

Desde estos argumentos planteados, les presento esta gama de insumos que pueden ayudar a elaborar la ruta pedagógica para la incidencia, la participación de las bases populares y la transformación de nuestra cultura política.

Desafíos

1. Brecha entre líderes y ciudadanía: la gente no se siente escuchada ni representada por quienes se presentan como sus dirigentes, lo que aumenta la desconfianza y la apatía.

2. Decisiones poco legítimas: las políticas se diseñan desde los escritorios sin tener en cuenta la diversidad de experiencias y necesidades del territorio.

3. Desmovilización social: si la participación no es real ni efectiva, las comunidades dejan de involucrarse.

4. Conflictos y resistencias: la falta de diálogo colaborativo y participativo genera tensiones, protestas y sensación de imposición. Deslegitiman la credibilidad de los líderes.

5. Pérdida de innovación social: se desaprovecha el conocimiento local para resolver problemas complejos.

Oportunidades

1. Crear nuevos mecanismos de participación: presupuestos participativos, cabildos abiertos, asambleas barriales, laboratorios ciudadanos o plataformas digitales de consulta.

2. Formar liderazgos comunitarios: impulsar escuelas de ciudadanía y procesos de capacitación para que las bases populares tengan voz real.

3. Diseñar políticas más efectivas: incorporar metodologías como co-creación, mapeo de actores, diseño centrado en las personas o planeación colaborativa.

4. Fortalecer la confianza pública: cuando la gente ve que sus aportes influyen, aumenta la legitimidad de las decisiones.

5. Innovar en incidencia: promover veedurías ciudadanas, control social, y mecanismos de auditoría comunitaria.

6. Construir agendas desde abajo: permitir que los territorios definan prioridades reales, no solo las que dicta la dirigencia.

7. Ampliar la participación digital: usar herramientas tecnológicas para involucrar a jóvenes, comunidades rurales y sectores que antes quedaban fuera.

Ojalá estos insumos los tengamos en nuestro horizonte próximo para empezar a trabajar de una.

Lo urgente es sentarse a planear un proyecto serio de incidencia política incluyendo la campaña electoral 2026.

Esto requiere agenda, disciplina, organización, visión, disponibilidad, apertura, capacidad de diálogo colaborativo en medio de las diferencias y la construcción colectiva de propósitos comunes por encima de nuestros egos e individualismos.

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