EL AMOR HACIA LOS POBRES Garantía de una Iglesia fiel al corazón de Dios.

18.11.2025

Después de leer muy gustosamente esta exhortación apostólica " DILEXI TE" del Papa León XIV sobre el amor hacia los pobres, valido con gran emoción esa responsabilidad personal de continuar trabajando incansablemente por la promoción de las bases populares como una estrategia esencial para la transformación social donde ciertamente abunda la pobreza contrario a una "pastoral de las élites" que pretende enfocarse en ciertos grupos de privilegiados económicos o de poder so pretexto de generar cambios desde arriba, en lugar de estar con los pobres en el terreno donde ellos sufren y abordar con ellos las causas estructurales de las injusticias que generan tal pobreza acompañando y formando esas bases sociales empobrecidas.

La acción apostólica y/o política debe basarse en el amor y en la opción preferencial por los pobres: pues, sólo así se garantiza la dignidad humana y la justicia social. Ignorar esta opción no es neutral, sino una actitud perversamente egoísta que traiciona el sentido solidario del kerigma y del cuidado del bien común como el noble arte de la caridad política.

Con frecuencia, se difunden y normalizan mensajes que defienden ideologías absurdas antes que la verdadera causa de las personas marginadas y excluidas.

Nuestro reto es colocar en el centro de nuestros mensajes, el derecho y dignidad de los pobres.

Sigamos promoviendo estas causas de cuidado social para ser coherentes con el mensaje del cambio y transformación social que queremos impulsar en nuestros territorios y ambientes. Aquí partes de los numerales 103 y 104 de esta exhortación que me llamaron la atención.

"...El amor a los pobres es un elemento esencial de la historia de Dios con nosotros y, desde el corazón de la Iglesia, prorrumpe como una llamada continua en los corazones de los creyentes, tanto en las comunidades como en cada uno de los fieles. La Iglesia, en cuanto Cuerpo de Cristo, siente como su propia "carne" la vida de los pobres, que son parte privilegiada del pueblo que va en camino. Por esta razón, el amor a los que son pobres —en cualquier modo en que se manifieste dicha pobreza— es la garantía evangélica de una Iglesia fiel al corazón de Dios. De hecho, cada renovación eclesial ha tenido siempre como prioridad la atención preferencial por los pobres, que se diferencia, tanto en las motivaciones como en el estilo, de las actividades de cualquier otra organización humanitaria.

104. El cristiano no puede considerar a los pobres sólo como un problema social; estos son una "cuestión familiar", son "de los nuestros". Nuestra relación con ellos no se puede reducir a una actividad o a una oficina de la Iglesia. Como enseña la Conferencia de Aparecida, «se nos pide dedicar tiempo a los pobres, prestarles una amable atención, escucharlos con interés, acompañarlos en los momentos más difíciles, eligiéndolos para compartir horas, semanas o años de nuestra vida, y buscando, desde ellos, la transformación de su situación. No podemos olvidar que el mismo Jesús lo propuso con su modo de actuar y con sus palabras»".

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